Manifesto
Stanley es una broma. El problema no.
Esto es lo que está atrás de la parodia. Léelo si te quedaste con la duda de por qué construimos algo así.
Por Adrián Solca · Diseñador y autor de Estrategas de la Intención
Hay una tendencia creciente: equipos de producto e ingeniería brincándose al diseñador. "Para qué un diseñador, si la IA me prototipa la pantalla." "Para qué research, si yo ya sé lo que el usuario quiere." "Para qué estrategia, si tengo un roadmap."
La premisa detrás es que diseñar es pintar pantallas, y que el product management es dar feedback y mandar correos. Si esa fuera la verdad, ambos roles serían trivialmente automatizables. Stanley es la prueba: en una tarde, una IA puede hacer "la versión chatarra" del trabajo. Roadmaps con buzzwords. Correos pasivo-agresivos. Feedback que suena seguro pero no significa nada.
El truco está en lo que Stanley no hace
Stanley no habla con usuarios. No formula hipótesis. No diseña experimentos. No interpreta entrevistas. No mide impacto. No corta scope. No defiende decisiones difíciles frente a stakeholders. No conecta lo que el negocio necesita con lo que la gente realmente hace. No dice no cuando hay que decir no.
Eso —y no el correo, ni el roadmap, ni el feedback— es el trabajo. La estrategia, la investigación y el criterio son lo que separa a un producto que importa de uno que solo se construyó.
Lo mismo aplica al diseño
Diseñar tampoco es pintar pantallas. Es entender un problema lo suficiente como para saber qué pantallas no hay que pintar. Es poner en duda el brief. Es proteger al usuario de las ideas malas, incluyendo las propias. Es la conversación entre el negocio, la tecnología y la persona que va a usar la cosa.
Si reduces diseño a "componer un Figma" o product management a "dar feedback", entonces sí, la IA los reemplaza. Pero también te quedas con un producto que se ve bien, que tiene un roadmap bonito, y que nadie necesita.
La IA es una herramienta increíble
En serio. Stanley está construido con IA y se nota. Pero la IA acelera la ejecución, no sustituye el criterio. Acelera la artesanía, no la estrategia. Acelera el output, no el outcome.
Si la única defensa de un rol es "el output", la IA se lo va a comer. La defensa de diseño y product management nunca fue el output. Era el pensamiento que estaba detrás.
Esa idea —que la IA es un amplificador de intención humana, no un reemplazo de ella— es exactamente lo que exploro en mi libro Estrategas de la Intención. Si este manifesto te resonó, ahí está la versión larga del argumento.
Si Stanley te pareció útil, necesitas un diseñador.
Si te pareció absurdo, ya lo entendiste.
Lectura relacionada
Estrategas de la Intención: Despertar en la era de la Inteligencia Artificial
por Adrián Solca
Cómo usar la IA para amplificar el criterio humano en lugar de sustituirlo.
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Made with por Adrián Solca y gente que sí investiga a usuarios.
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